Muere cuando el infierno te esté por llamar.
Cuando tus folios en blanco pidan clemencia ante ti.
Y las lágrimas seas incapaz de aguantar.
Las heridas superficiales no son otras que los golpes,
esos golpes que no dejan marca a simple vista,
pero cuales puedes ver que quieres.
Vive cuando el calor derrita tu cuerpo,
cuando las llamas aún estén viviendo y,
el sabor de tus labios no sea otro que el invierno.
El amor es lo único que dios nos regala al nacer,
y lo primero que nos obligan a mantener.
Lloramos, reímos y sentimos,
pero no es lo mismo cuando somos adultos,
a cuando éramos críos.
No nos obligues a mentir,
a crecer o,
a permitir que las heridas
sean algo más que palabrería.
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